jueves, 22 de septiembre de 2011

Caos, orden y Pedro Páramo

Tenía mucho tiempo de no sentirme tan tranquilo como hoy. Por fin después de varias semanas puedo ver hacia adelante con un sentimiento de planeación que deja todo en mi gusto para poder decidir: no tengo pendientes que me aten. Fue un día de echar la hueva viendo televisión checando algunos de esos programas seudoserios, que abordan los temas explotables del arte o la ciencia. Los canales de cable se han llenado de este tipo de programas que hablan sobre medicina, delincuentes, espías, tópicos forenses, hechos históricos "insólitos", lugares embrujados, cazadores de ovnis, etc. Después de ver ¡Que verde era mi valle! y la trilogía de Imagilandia, de South Park, me pegué al History Channel y al Glitz viendo Monster Quest, Ángeles y demonios descifrado, Alienígenas ancestrales, Work of Art (de este ya me estoy haciendo fan), Decodificado, una pelea de MMA, una comedia espantosa con Cameron Díaz y un programa de sexo.

Son chafas y alejados de la ciencia. Su forma de manejar los supuestos descubrimientos científicos que hacen carece justamente de ese rigor, aunque estén llenos de expertos, planes, aparatos sofisticados y documentos, pues al final parecen enfocados a mostrar algo desde el principio a lo que difícilmente renuncian. El más chafa es Decodificado, pero es el que seguro seguiría viendo. Eso sí, en general me resultaron inspiradores en este día que tuve tiempo para descansar y empezar a pensar en que voy a ocupar mi tiempo libre los siguientes meses, seguro hasta fin de año. Esa clase de temas siempre me han llamado la atención pero en la tele los abordan muy tóntamente, reduciendo su valor a mostrar meras recopilaciones de datos, a los que el televidente debe tomarles sentido. Me sorprende con cuánto dinero cuentan para cada una de estas emisiones.

También tuve tiempo de leer con atención, y fue lo que más me gustó, un trozo de Pedro Páramo. Ahora empiezo a descubrir la grandeza de Juan Rulfo. La primera vez que leí su novela me pareció padre por los paisajes y ambientaciones que crea, en mi mente recreaciones de la aridez desértica de algunos lugares del campo mexicano, pues siendo tan vasto el país la diversidad climática es abundante (aunque en general tiende a la calidez). Ese ambiente me encanta para hacer historias, creo en parte por la analogía clara entre la aridez del campo con su símil espiritual, del que soy fanático en las obras de ficción.

Se asoma ya, en el breve fragmento que he leído, esa enredadera caótica que sostiene la estructura de los narradores. Entran voces narrativas diferentes. Comienza en pasado y primera persona, pero sección a sección puede cambiar sin decir "agua va" a tercera persona, a diálogos cambiando de personajes, intercalando citas a manera de monólogos interiores, además, paralelas al desarrollo de la narración. Sin embargo, lo que originó mi reflexión sobre el orden y el caos, y mi mayor admiración por el escritor nacido en Acapulco (sí, Acapulco), fue empezar a desmenuzar ese embrollo rulfiano. En dos oraciones encontré la llave para empeezar a entender a los narradores, claro que estas frases aclaratorias vienen a posteriori y, sin duda, también me ayuda el haber leído antes (aunque años hace ya) a Pedro Páramo

Con esta lectura atenta puedo ordenar mentalmente a los narradores, y posteriormente si deseo hacer un análisis, plasmarla en papel para poder identificar dichos narradores con lugares, acciones, tiempos, etc. El orden son los estantes en que vamos acomodando las cosas que conocemos, lo que vamos percibiendo y tratamos de entender. El caos es simplemente no poder separar en partes algo, y, por lo tanto, lo ponemos completo en alguno de los estantes. Para mi eso es no entender las cosas, el caos, la falta de orden, una incapacidad del raciocinio humano, temporal por cierto, hasta que el entendimiento llegue y se supere dicha deficiencia.

martes, 20 de septiembre de 2011

¿La literatura puede responder preguntas?

Mas procrastinación o mala administración. Verdad sea dicha, en nuestras listas de pendientes hay actividades que esperamos con gusto, y en general todas nos agradan o desagradan en mayor o menor medida. Ese es el origen de mi procrastinación: pospongo demasiado (hasta el último momento) lo más desagradable. Luego en los cursos, por dejar hasta el final las tareas no puedo preguntar mis dudas u opiniones diferentes por no tener cosas extras que decir.

Esta semana hubo dos cosas que me enseñaron y que relaciono:
  1. Santa Claus nos comentó que él no está para ser bueno en la materia que enseña, sino para transmitir una pasión y esa es la misión de los maestros.
  2. Patty, tratando de transmitirnos pasión mencionó algo que no me agradó, por el tono. Mencionó que "No cabe duda que la lectura, y en particular la literaria, nos sensibiliza, fortalece nuestro espíritu y nos ayuda a comprender hasta lo más insignificante del mundo. Nos hace pensar, sentir, disentir, discutir, reflexionar argumentar y encontrar respuestas a muchas cosas que el extraordinario universo de la informática y la cibernética jamás responderán."
Es cierto que nos enseña cosas que la informática y la cibernética no. Pero esto también sucede en sentido contrario. La informática y la cibernética nos enseñan a razonar, razonamiento lógico, que no aprenderíamos solo leyendo novelas y poesía.

Por otro lado, la literatura es forma (y según yo hasta este punto de mi razonamiento, solo eso). Transmite mensajes, más aún, ideas, pero el contenido no es literatura, al menos lo que el contenido de un mensaje enseña no es de dominio exclusivo de la literatura (como arte), pues puede ser adquirido por otros medios: filosofía, teología, psicología, sociología, antropología, etc. Allí están los libros de Hesse, dotados de una carga filosófica excepcional, y no sé hasta que grado con valor literario estético delante de las ideas. La pura estética de la literatura, en sí, no enseña nada, es mero disfrute y goce, y la parte estética es la que puede considerarse como literatura, como arte literario. Esto es tan válido como que la informática no son los libros de todas las materias en formatos digitales, pues si así fuera estaría garantizado que el conjunto de enseñanzas de la literatura (al ser digitalizable) sería un subconjunto de la informática. Y esto puede ser perfectamente válido pues la informática es, además de desarrollar tecnología, saber usarla y, de hecho, utilizarla.

Encuentro un resquicio en esta teoría. En la literatura hay interpretación. Esa interpretación es única de la literatura. Un poema, por ejemplo, puede tener múltiples significados y así, lo que dicho poema nos enseña no tiene un dominio único en la filosofía, psicología o sociología, ¿o sí? Es decir, puede sensibilizarnos a personas distintas en cosas dispares, no es de interpretación única como sí lo son los textos filosóficos, sociológicos, psicológicos o de cualquier área (típicamente humanista) que pretenda enseñarnos lo mismo que la literatura.

Llegando un poco más allá, también en esto, si las ciencias -filosofía, psicología, etc.- son interdisciplinarias ¿no cabría la posibilidad de que sí pudieran abarcar, interrelacionándose en esa interdisciplinariedad, enseñar lo mismo que la literatura?

Hasta aquí llegan mis divagaciones, por hoy y respecto a este tema. Lástima que no pude exponerlas por falta de tiempo, o más bien por llegar a destiempo, pues de nuevo mi procrastinación me hizo sacar lo más nacional que tenemos: dejar todo hasta el final.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La dulce vida o Happy-Go-Lucky


La duce vida o Happy-Go-Lucky, de 2008, estuvo en aquel año en el Foro de la Cineteca. También por aquellos años tenía la costumbre de ver todas o al menos la mayoría de las películas que se presentaban en los foros y muestras de la Cineteca. Como en su tiempo no pude verla la compré cuando por casualidad la vi en un botadero, era my precious por lo que significaba el hallazgo para mi. No me salió tan cara, pero de todos modos fue un gasto. Hoy ya no compro películas y casi no voy al cine, prefiero ver cine en televisión y periódicamente frecuento algunos cineclubs, con lo que tengo suficiente cine, y si, sigo asistiendo a los foros y muestras pero ya no enfermo de consumismo. Uno pierde actualidad cuando deja de ver películas recientes, pero honestamente las películas más comerciales, de las que se habla no me inspiraban (como seguramente a muchos que se niegan a aceptarlo) a platicar sobre ellas.
Hoy vi Happy-Go-Luckyo La dulce vida en la televisión, no de mi DVD, sino de un canal de televisión. Cuando la vi anunciada a punto de empezar voltée a ver mi pequeña colección de películas para sentir culpa por mi DVD, todavía con celofán, acomodado para colmo al lado de mi escritorio de trabajo. Con esto doy la idea de mi grado de procrastinación, pues a pesar de recapacitar en ese pendiente muy frecuentemente en estos tres últimos años nunca la tomé. ¡Eso me hace pensar en todas las porquerías guardadas en mi disco duro que nunca uso! ¡¡Y ni hablar de las que alojo en mi mundo real!! Ahora mismo un rápido vistazo a la derecha me deja ver un compendio de Doña Perfecta, la de Rómulo Gallegos, más allá unos boletos de apuestas con los que iba a llevar un control de entradas y salidas que jamás llegó (hoy ya ni apuesto y el que alcanzó a ver por encima de los demás tiene fecha de hace justo dos años, 11 de septiembre de 2009), abajo de los comprobantes hay un videocassette (sí, todavía uso, o usaba, videocasetera) que no he visto desde que lo grabé y de hecho no he podido seguir grabando programas porque todos mis cassettes están llenos de pendientes, también tengo aquí Doctor House, las primeras dos temporadas que me prestó un amigo y su caja con The Pink Panther, obviamente solo vi un capítulo de ambas, y ya no quiero ni seguir.
La procrastinación y el consumismo tienen una relación estrecha, forman un círculo vicioso alrededor de los hábitos de una persona, y sin saber cual es peor o cuál se da primero si sé que ambos surgen de una personalidad como la mía: ansiosa, falta de interés por la vida, arraigada en la idea del pasado, banal, carente de identidad, depresiva, y hasta mi sobrepeso tiene relación con ello. En suma, a lack of happiness, algo muy relacionado con el tema de la película.
La personaje principal, Poppy, es una especie de antítesis de Amelie. Toda ella es inamovible en su actitud optimista ante la vida, y la vida común y corriente. Ese retrato de la vida de Poppy es muy bueno porque el director no opta por el camino fácil de mostrar la personalidad de esta soltera en sus treintas en un mundo que la abatiera de problemas, no, la vida de Poppy es harto común y corriente. Sus “golpes“ con la realidad, no tan positiva, se basan más en pequeños malentendidos con la gente más real que va conociendo: el empleado de la librería, su maestra de flamenco y sobre todo su instructor de manejo. Es con este con quien tiene las mejores charlas, regaños o discusiones, y donde el director se explaya para dar a conocer el tema y su punto de vista. En la parte final, en el último enfrentamiento con su maestro, vemos como por primera vez esa realidad rompe su actitud ante la vida cuando le da la espalda al enojón, renunciando a las clases de manejo.
Es una película muy entretenida, pero definitivamente si hubiera sabido como iban a estar las cosas no la hubiera comprado. Ahora, lo único que me resta es empezarme a deshacer de tantos pendientes... ¡Válgame, hasta unas vitaminas tengo desde no se cuando!