miércoles, 14 de diciembre de 2011

Al final, La Venus de las pieles se me hizo una novela muy triste y no sé que fue peor, Severino asumiendo como enfermedad sus gustos o verlo abandonado por su Venus, después de tanta entrega y sacrificio. Para una relación tan apasionada el final es demasiado frío y calculado, si la intensión era sentir una curativa cubetada de agua helada para las calenturas del pobre Sever, pues estuvo bastante bien, sino era esa la intención me parece que pudo darle un final menos moralista.
Lo que si está para tomarle en cuenta a Sacher-Masoch es señalar la inequidad entre mujer y hombre (en cuanto a trabajo y educación) como el factor determinante del fracaso de sus relaciones. A lo mejor con su conclusión termina condenando cualquier relación, pues a fin de cuentas la equidad, como en las básculas, es un balance estático, sin el dinamismo inherente al ser humano. Hombres y mujeres cambian, igual a sus roles en la sociedad, y es la lucha constante por compensar esa equidad lo que termina siendo la relación. La lucha en la pareja (y en cualquier tipo de relación) es algo permanente, no la razón del fracaso... ¡Chale! Aunque lo niegue creo tiene algo de razón.

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