jueves, 22 de diciembre de 2011

Del corazón al cerebro en el monstruo

El mito del monstruo ha cambiado a lo largo de la historia. Me llama la atención como actualmente, y supongo en todas las épocas, su naturaleza refleja la mentalidad de la sociedad. Antes al vampiro se le mataba con una estaca en el corazón, al hombre lobo con una bala de plata, una bala de pureza, algunos monstruos, como los fantasmas, podían enamorarse y allí encontraban su debilidad. Ahora todo es más cerebral.
Desde mediados del siglo pasado el monstruo sufrió una metamorfosis radical: se hizo insensible. El aspecto sentimental de la monstruosidad paso de ser un aspecto fundamental de su personalidad desde la Edad Media a un componente inexistente en el siglo pasado. El cine ha sustituido a la tradición oral y a la literatura como forjador de los nuevos arquetipos y en un principio este cine se basó en los modelos clásicos de monstruos pero rápidamente creó los propios.
El hombre lobo es equiparable al instinto sexual absoluto, su monstruosidad es incontrolable, espontánea y además se alimenta de personas, de la carne. La bala de plata, blanca y brillante más las propiedades místicas inherentes al material, con la cual se le mata, funciona como símbolo de pureza. Esencialmente el hombre lobo es un ser torturado, víctima de una maldición de la que se libera solo a través de la muerte.
Drácula, tanto en la obra literaria como las innumerables adaptaciones cinematográficas, se enamora de Mina Harker y toda la trama es la lucha por la posesión del alma de ella. Por un lado Van Helsing, Jonathan Harker y sus amigos tratan, usandk conocimientos ancestrales, de evitarlo, por el otro, el vampiro solitario intenta atraerla hacia él. La seducción era una de sus armas y no por nada el erotismo emanado de la figura vampírica sigue siendo una de sus características arquetípicas y más reconocidas en este personaje.
Frankenstein es un caso especialmente interesante. Él se siente rechazado, hérido, y su debilidad será su tumba pues busca saciar esa necesidad afectiva, lo cual terminará por enfrentarlo con su creador, quien se niega a darle una compañera. Frankenstein es el triunfo del hombre de ciencia, en esto podría adaptarse muy bien a nuestro tiempo. Su nacimiento es intelectual pero su proceder está regido por sentimientos (nobles al principio, después de venganza). Su naturaleza puede apreciarse mejor en la obra de Mary Shelley que en las películas, donde la necesidad abreviar en las adaptaciones usualmente deja fuera toda su parte carismática.
Desde los años sesentas con los filmes de George A. Romero el zombi, y algunos años antes con el psicópata y asesino serial, el monstruo tiene otra naturaleza y su evolución toma un rumbo distinto. Tanto los zombis como los asesinos seriales carecen de sentimientos. El zombi, por ejemplo, ya no se mata con rituales místicos o conocimientos antigüos, su eliminación es más práctica, no pasa nada si se le dispara al corazón o con artefactos de plata, debe matarse su cerebro para aniquilarlo.
El psicópata, a veces asesino serial, también carece de sentimientos. No parece sentir piedad ni remordimientos y su proceder a veces es altamente intelectualizado. La inteligencia, más que el erotismo del vampiro, es su arma. Quizás su naturaleza monstruosa surja a raíz de problemas de represión de sentimientos, pero una vez formado como ente malévolo eso característica desaparece. La forma usual de matarlo, y popularizada en el cine, es urdir un plan, es enfrentarse a ello con el intelecto -no la tradición, no el collar de ajos, no las balas de plata ni los crucifijos- para poder atraparlos.
Actualmente, hasta los vampiros han dejado de lado al erotismo. Allí están los de la saga cinematográfica de Crepúsculo, que podrán catalogarse de guapos, pero no son sensuales, más bien corrientes, sin fineza, solo bonitos y arreglados. Y la saga de Harry Potter es otro ejemplo. Es un auténtico bestiario con hombres lobo, fantasmas, animales mitológicos o de otro tipo, perk siempre carecen de personalida`. No son personajes propiamente dichos, son apenas esbozos de los de antaño, eliminados con la tradición pero siempre ejecutada con un plan maestro.
Sí, nuestra sociedad es práctica, materialista, científica. Los monstruos románticos de antaño, los legendarios, los de las traciiones fundacionales de cada pueblo han perdido vigencia totalmente. Ahora, lo que no atente racionalmente no causa miedo: zombis, asesinos seriales, inteligencias alienígenas y hasta computadoras o robots en apariencia enajenados.

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