lunes, 10 de diciembre de 2012

4 Marquiao vs Pacquez 4 Pacquez vs Marquiao 4


Que rico es ver televisión sin nada más en mente que entretenerse. Para mi lo usual cuando estoy viendo televisión implica, a la par, estar navegando en Internet o actualizando mi libretita de pendientes, pero casi nunca me dedico únicamente a ver televisión ¡qué horror! Mi vida no es ocupada, más bien se lo debo a mi dispersión.

No estaba tan emocionado por el cuarto choque de estos boxeadores pero mi papá lo esperaba con ansias desde hace mucho, así que poco a poco, no antes del mismo sábado de la pelea, me fui contagiando de las ganas de verla. La botana, una reunión en familia extraordinaria y la expectativa que mi papá levantó, aún entre las mujeres, consiguió que a la hora señalada estuviera al pendiente de la televisión.

La verdad es que ambos contendientes me caen bastante bien. El mexicano (además de lo obvio) por su ética de trabajo y su hambre (¡tiene 39 años!), y el filipino por su talento y la calidad humana que ha demostrado. La verdad que para mi era una situación perder-perder salvo que ocurriera lo que sucedió:

El mejor combate en años

Cuando dos atletas de tal calidad se enfrentan a tope abundan las decepciones y en muy pocas, escasas ocasiones, los hechos consiguen resarcir la expectativa de los aficionados. Este fue el caso. Si soy honesto la idea de una cuarta pelea no me parecía atractiva, pensando yo que en lugar de validar sus anteriores actuaciones con una victoria, buscaría el boxeador mexicano llevarse una buena lana antes del retiro... ¡qué equivocado estaba!

Lo mejor de la pelea fue después de la primera caída, ocurrida en el tercer round, y quizás la más emocionante pese a no ser la definitiva. Con esa caida se demostró que la cosas para el mexicano además de ir en serio podía materializarse, fue la primera caída del filipino desde que se convirtió en un hito inalcanzable para los aztecas... y el resto del mundo.

A partir de ese momento los llamados golpes de poder fueron y vinieron de ambos lados. Y se convirtió en la mejor pelea de los últimos años porque se tuvo la certeza, por primera vez en la historia que tienen estos dos compartiendo el ring, que ambos eran vulnerables, y que conscientes de ellos se imponía, gracias al carácter generoso y aguerrido de ambos, que en lugar de cuidarse por no caer se tirarían a noquear al adversario... ¡glorioso!

La caída del quinto más que una debilidad significó un catalizador: sangre en río de pirañas. Un pacman al que manos le faltaron para conectar más veces. Lanzado hacia adelante, el filipino conectó buenas mazas sobre el azteca, no se fue intacto, pero su vehemencia fue tal se convirtió en la droga que lo hacía insensible a los golpes de contraataque que también se llevó.

Es cierto que la fuerza y condiciones físicas siempre han estado de un lado y poco a poco se veía que comenzaban a redituar desde el final del quinto episodio. El sexto será un hito en la historia del boxeo, algunos ya comparan la batalla con aquel mítico encuentro de la cobra con la maraviila. Aquí hubo dos púgiles brindados, tres caídas repartiditas y un par de remontadas, la última de guión de película.

Explosión de dinamita al -literalmente- último instante del sexto. Su cuerpo tocó la lona justo al momento que la campana designó el final de la vuelta, y por lo terrible de la imagen supimos, también de la pelea. Un cañonazo a contragolpe con toda la potencia acumulada por un cuerpo sobre un brazo amartillado que comenzaba su vuelo hacia adelante estallando justo en el rostro -simil de la carne de cañón- de un cuerpo ansioso por golpear aventado hacia adelante.

El mejor boxeador de esta época, el que será más recordado, el que todos dirán yo lo vi pelear, el David venido a Goliat  y su némesis, el único que verdaderamente -y desde siempre- supo descifrarlo. Un choque de titanes aún más engrandecidos... grande el filipino, grande el mexicano. Que rico es ver televisión cuando hay algo a lo que vale la pena ponerle tooda la atención.

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