domingo, 3 de febrero de 2013

Hoy fue uno de esos días donde llegan mensajes de todas partes relacionados con una misma cosa. La forma en que uno es educado y crece, si es demasiado atípica (como presentar algún tipo de aislamiento) puede crear una personalidad única que cuando se expresa en un contexto social normal, en la cotidianeidad, luce estrambótico y excéntrico.

Cuando Daria se encuentra con Ted, un estudiante que se siente atraído por ella porque la encuentra fascinante, inicialmente no sabe como manejar sus arranques de excentricidad pese a que también le atrae. Ted se crió, hasta ese grado, recibiendo educación en su casa con unos padres que lo educaron restringiéndole las cosas con que suelen darle sabor a la infancia y adolescencia: videojuegos, golosinas, amigos, televisión, etc. Aún así Ted es un tipo agradable y con una sorprendente capacidad para adaptarse gracias a su amabilidad, aunque no con los tontos de la caricatura, que lo único que busca es tratar de salvar algunas de las vivencias que debió haber tenido. Al final, sus nuevos amigos le plantean intereses más atractivos diferentes a los de Daria, con quien compartía intereses pero que por momentos superaba, y lo que parecía ser su primer amor termina por diluirse (Daria, temporada 2, episodio 7, The New Kid).

Beauregard ha vivido siempre en su rancho y solo ha dejado su pueblo en una ocasión, para ir al doctor, antes de auparse al autobús que lo llevará al rodeo de Phoenix para competir. Su amigo, un hombre mayor que es como su tutor, lo anima a aprovechar el viaje para conseguirse una novia y, por su tosquedad (que se convertirá en uno de los motivos de la película), Beauregard contesta que la manera de conseguirla será igual a domar un potro salvaje, a la fuerza. Ya luego lo vemos mangonear, jalonear y hasta cargar como bulto a la sensual Cherie, nada menos que Marilyn Monroe. Lógicamente ella no está acostumbrada a un trato tan tosco, y sus sueños afrancesados de triunfar en Hollywood tampoco lo contemplan, pero al final se deja conquistar por Beaugard. Él, del rancho vino y con el rancho sueño, no busca pese a su breve incursión en el mundo explorarlo, no le da ni curiosidad ni quiere echar raíces en él, más bien busca regresar, eso sí, acompañado por su nueva esposa. (Bus Stop, 1956).

Pedro Sarmiento, a punto de morir decide confesarse con sus hijos, una vida peculiar según apunta, que les permitirá, si escuchan con atención, experimentar en los errores de su padre y aprender, de primera mano, lo que no debe hacerse en la vida. La primera cosa en que repara Pedro es en su infancia y en la forma que fue criado, o mejor dicho, malcriado. Su madre todo le daba, su padre por no pelear prefería someterse a los deseos de ella que, evidentemente, estaban centrados en complacer a Pedrito y mantenerlo protegido de malas influencias exteriores. De como creció Pedro lo único que hasta ahora sé es que es el primero en espantarse y hace notar como toda su vida se condicionó por esa falta de disciplina con que fue criado. (El Periquillo Sarniento, José Joaquín Fernández de Lizardi).

Es hasta lógico encontrar programas de televisión, caricaturas, películas o novelas que tengan personajes peculiares como protagonistas. Después de todo por algo son dignos de protagonizar una historia, porque ser interesantes los separa de todos nosotros, personas comunes y corrientes. Pero lo que me llamó la atención de estas tres historias es que justamente la diferencia es como crecieron, fueron educados y criados los personajes de que tratan. Me encantan estos días temáticos donde varias cosas con las que me topo se relacionan. Ahora solo me queda reflexionar sobre el significado de todo esto para mi propia vida, si es que lo tiene.

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