jueves, 13 de junio de 2013

De mi curso de cine de horror, estas son algunas reflexiones de la primera sesión:

Aunque algunos defensores del cine han expresado diferentes ideas intentando defender su independencia de otras artes al argumentar que sus nexos con la literatura se debían principalmente a una falta de maduración y que con el tiempo desaparecerían o que entre más se acerque un filme al arte más se aleja de la literatura, y por el contrario, mientras más cercana sea una película al entretenimiento más cercano estará a la literatura, lo que está fuera de discusión es que a lo largo de la historia del cine el número de adaptaciones cinematográficas que se hacen de novelas y cuentos literarios no ha menguado.

Esas opiniones parecían ser ciertas sobre todo en las primeras décadas del cine, antes del desarrollo del sonoro, cuando el lenguaje cinematográfico era cada vez más completo y hacía poco necesarios los intertítulos en algunas películas de los grandes maestros. La tecnología ayudó bastante a masificar el cine con lo que inevitablemente la demanda ha crecido a lo largo de los años y, por ende, no todos los productos son de la mejor calidad. El miedo o repudio a las adaptaciones cinematográficas puede ser porque se trata de modificaciones generalmente de obras icónicas (sino no interesaría hacerlas), muchas veces consideradas joyas de la literatura y, por lo tanto, intocables.

Un texto literario se compone de narración, diálogos y descripciones, y en este sentido las descripciones difícilmente son captadas por la lente de una adaptación cinematográfica. El problema, a mi parecer, radica en que el universo creado por el escritor brinda puntualmente los elementos que el lector debe atender para entablar el diálogo con la obra, y aunque una imagen habla más que mil palabras todos los elementos que la componen compiten (en general) bajo cierta igualdad definida por los instantes que dura en pantalla. Sería necesario dedicarle planos especificos, un plano detalle por mencionar uno, a los elementos que el cineasta desee resaltar, pero el lenguaje cinematográfico imposibilita un enlistado de este tipo.

Eso si, la literatura (o mejor dicho el análisis literario) históricamente ha proporcionado algunos conocimientos útiles para entender los textos, conocimientos extensibles también para explicar diferentes elementos de las películas. El teatro isabelino (o preisabelino según algunos autores) explicaba el comportamiento de los personajes porque, médicamente, uno de cuatro humores corporales los dominaban (sangre, flema, bilis negra o bilis amarilla). El psicoanálisis aporto otro tipo de elementos para entender, valga la redundancia, la psicología de los personajes. De la misma forma lo erótico y lo tántrico combinan características que matizan las personalidades representadas en la pantalla, aportando un nuevo punto de vista para entenderlas.


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