jueves, 31 de julio de 2014

Saga de sagas

Saga parece un pastiche, bien armado, de varias obras de fantasía y de ciencia ficción, en especial de esas que se conforman por varios episodios, una saga de sagas. Las space opera's no me llaman la atención ni tampoco tanto los cómics, pero para que negar que con el boom actual esto último acerca de mí está dejando de ser válido. Por lo menos me dan ganas de leer algunos de esos que han originado buenas películas, V for Vendetta y Watchmen, por ejemplo. Creo que es el único que de verdad me dan ganas de leer.

Saga incluye algunos episodios forzados como para hacerla parecer más cool de lo que podría ser, episodios intempestivos que parecen colocados para cambiar deliveradamente el ritmo de la historia en pro del lector y no porque obedezcan a la tarma en sí. Por ejemplo, la muerte de el Acecho o cuando Alana decide hacerle sexo oral a Marco en medio de un momento apremiante.

Por otro lado, los nombres de los personajes son chocantes: el Acecho, The Will, Príncipe Robot, etc. Usar ese tipo de nombre genera cierta desconfianza porque la obra pinta para llevar mensaje, aún así, en este caso esto no es tan chocante (lo del mensaje, pues lo de los nombres es asqueante).

A lo mejor el título Saga obedece a que en un futuro continuará ya que el final no lleva a ningún lado. Es una historia inconclusa pues la persecución no termina, más allá de haber acabado el primer episodio de ésta. Tampoco sabemos que pasará con la pequeña bebé, la narradora de la historia, que por algún motivo cuenta su historia y de eso no dice nada.

De los 18 números algunos son interesantes pero tiene también algunos, contados, es cierto, que aburren tremendamente. Entre regular y bueno, lo disfruté pero no leería la continuación.

miércoles, 30 de julio de 2014

El rinoceronte en mi cuarto estaba... ¡en mi cuaderno!

En Bertrand Russell se puede más o menos verificar, al menos en la primera parte de su pensamiento, como la filosofía toma un cariz científico del que solo se separará, el propio autor, luego de enfrentar su pensamiento al de su discípulo Wittgenstein.

El momento culminante del libro Bertrand Russell en 90 minutos lo plantea más o menos de esa forma, o así lo entendí yo, cuando llega el instante de la ruptura entre ambos con el Problema del rinoceronte que le plantea Russell a Wittgenstein.

¿Hay un rinoceronte en la habitación? es el sencillo enunciado a partir del cual se libera la polémica. Para Wittgenstein la duda es pertinente porque así se lo dicta la razón, no es posible asegurar que no hay tal rinoceronte en la habitación, pero para Russell la negación es clara y basa su respuesta prescindiendo de la razón, acercándose a la experiencia y, luego de verificarlo buscándolo por su cuarto, asegurarlo.

Sin duda esto nos lleva a un relativismo válido desde el punto de vista de cualquier ser humano.


Russell estableció con ese método dos puntos vitales. Mostró que las verdades de las matemáticas podían traducirse en verdades de la lógica, y que las matemáticas no tenían en realidad una materia de estudio propia, tal como, los números

tres tipos de proposiciones:
1. tautológicas.
2. verificables por la experiencia.
3. metafísicas.

Las últimas son sin-sentidos y escapan del campo de estudio de la lógica y presentan dos dificultades, la más significativa el aserto «el significado de una proposición es su método de verificación» cae también dentro de esta categoría. Esta paradoja, a diferencia de la de Russell, se negó a desaparecer. Un ejemplo: La Paradoja de Gödel.

Los tres principios que impulsaron la vida de Russell a través de los años: «un anhelo de amor, la búsqueda de conocimiento y una angustiosa compasión por el sufrimiento humano»