miércoles, 30 de julio de 2014

El rinoceronte en mi cuarto estaba... ¡en mi cuaderno!

En Bertrand Russell se puede más o menos verificar, al menos en la primera parte de su pensamiento, como la filosofía toma un cariz científico del que solo se separará, el propio autor, luego de enfrentar su pensamiento al de su discípulo Wittgenstein.

El momento culminante del libro Bertrand Russell en 90 minutos lo plantea más o menos de esa forma, o así lo entendí yo, cuando llega el instante de la ruptura entre ambos con el Problema del rinoceronte que le plantea Russell a Wittgenstein.

¿Hay un rinoceronte en la habitación? es el sencillo enunciado a partir del cual se libera la polémica. Para Wittgenstein la duda es pertinente porque así se lo dicta la razón, no es posible asegurar que no hay tal rinoceronte en la habitación, pero para Russell la negación es clara y basa su respuesta prescindiendo de la razón, acercándose a la experiencia y, luego de verificarlo buscándolo por su cuarto, asegurarlo.

Sin duda esto nos lleva a un relativismo válido desde el punto de vista de cualquier ser humano.


Russell estableció con ese método dos puntos vitales. Mostró que las verdades de las matemáticas podían traducirse en verdades de la lógica, y que las matemáticas no tenían en realidad una materia de estudio propia, tal como, los números

tres tipos de proposiciones:
1. tautológicas.
2. verificables por la experiencia.
3. metafísicas.

Las últimas son sin-sentidos y escapan del campo de estudio de la lógica y presentan dos dificultades, la más significativa el aserto «el significado de una proposición es su método de verificación» cae también dentro de esta categoría. Esta paradoja, a diferencia de la de Russell, se negó a desaparecer. Un ejemplo: La Paradoja de Gödel.

Los tres principios que impulsaron la vida de Russell a través de los años: «un anhelo de amor, la búsqueda de conocimiento y una angustiosa compasión por el sufrimiento humano»

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