sábado, 2 de agosto de 2014

Me mata de la risa Sören Kierkegaard con este fragmente de su "Diario de un seductor":

Un antiguo filósofo ha dicho que si se anota exactamente todo lo que nos toca vivir, se convierte uno, sin saber una palabra de filosofía, en filósofo. Pues bien , yo he vivido por mucho tiempo en contacto con la categoría de los novios. Algún fruto podré haber sacado de esa experiencia. He pensado recoger el material para un ensayo titulado: Contribución a la Teoría del Beso, Dedicada a los Amantes Sensibles. Resulta, por otra parte, extraño que no exista ningún tratado sobre este tema. Si consigo llevarlo a cabo, a la vez habré tapado un hueco que se notaba mucho. ¿Esta deficiencia en la literatura depende del hecho de que los filósofos no se dedican a estos temas o de que son completamente incompetentes sobre el particular? De todas formas, puedo desde este momento dar algunas pistas. Para un beso real y auténtico se necesita la participación de un hombre y una jovencita, que son los agentes. Un beso entre hombres es insípido o, lo que es peor aún, desagradable. Además, yo entiendo que un beso se acerca más a su ideal cuando un hombre besa a una jovencita y no cuando una jovencita besa a un hombre. Si con el pasar del tiempo esta relación se hace distinta, el beso habrá perdido todo significado. Esto vale particularmente para el beso marital doméstico, con el que los cónyuges, a falta de servilleta, se limpian mutuamente la boca, como diciendo: ¡buen provecho! Si hay mucha diferencia de edad, el beso se aleja totalmente de su ideal. Recuerdo que en una escuela femenina de provincias en los cursos superiores había una especie de examen final: besar al director, expresión con la que se comprometían a una representación nada fácil. El origen de esta costumbre era el siguiente. La profesora tenía un cuñado que vivía en su casa y que había sido director y, como era anciano, se tomaba la libertad de besar a las jovencitas. El beso tiene que ser expresión de una determinada pasión. Cuando un hermano y una hermana, además gemelos, se besan, su beso no es real ni auténtico. Lo mismo se diga de un beso como prenda de un cumpleaños o de un beso robado. El beso es una acción simbólica, que no significará nada si faltan los sentimientos de los que es expresión, y estos sentimientos sólo le acompañan en determinadas circunstancias. Si se quiere hacer una clasificación del beso, se pueden tener en cuenta distintos principios. Se le puede clasificar por el sonido; por desgracia, nuestra lengua es parca en relación con las observaciones hechas por mí. No creo, por otra parte, que ninguna lengua del mundo tenga el suficiente vocabulario de términos onomatopéyicos para subrayar las diferencias que yo, en casa de mi tío, he conocido. Pueden ser restallantes, silbantes, sonoros, explosivos, estruendosos, resonantes, crujientes como seda japonesa, etcétera. Se pueden subdividir, en relación con el contacto, en besos tangenciales, o en passant, y en besos adherentes. En relación con la duración. se pueden subdividir en largos y cortos. En relación con el tiempo, hay otra clasificación, la que mayor satisfacción me produce. Se distingue entre el primer beso y los demás. El primero, que aquí tenemos en cuenta, es inconmensurable en relación con las otras distinciones, y es en general indistinto en relación con el sonido, contacto y tiempo. El primer beso es cualitativamente distinto a los demás. Pocos se fijan en estas cosas, pues consideran una desgracia que tenga lugar el segundo sin que haya habido un primero.

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