jueves, 28 de agosto de 2014

y me sigo preguntando ¿como se comenta?

Cómo se comenta un texto fílmico, de Ramón Carmona, me pareció un libro muy irregular. Tiene un comienzo interesante donde explica la forma en que nuestra percepción trabaja, a lo mejor podría pensarse que por las explicaciones tan detalladas se sale del tema que promete en el título, Cómo se comenta un texto fílimco, y hasta parecería aburrido pero a mi me gustó el tratamiento y ese primer capítulo me resultó interesante.
En el segundo capítulo (de seis) es donde los problemas comienzan. Apenas si dedica unas cuantas páginas, en realidad son poquísimas dentro del capítulo (y a las postre serán las únicas que dedique a este respecto en todo el libro), a hablar propiamente de la actividad de comentar. El título de este segundo capítulo es justamente Comentar, analizar, interpretar. Marca la diferencia entre estas tres actividades pero aún así me faltó llenar con cosas más interesantes ese segundo capítulo.
El tercer capítulo es otro de los interesantes. Habla de los componentes fílmicos pero viéndolos como agentes que sirven para comunicar algo. Montaje, planos, perspectivas, iluminación, color, etc. son algunos elementos de los que habla, no de manera exhaustiva, a lo mejor hasta se antoja que lo hiciera de una mejor manera pero al menos es un capítulo, a mi parecer el más interesante del libro, donde desarrolla su tema de manera más atractiva.
El cuarto capítulo se centra en la puesta en escena, que no es otra cosa que los componentes fílmicos "que se ven" como son el maquillaje, la escenografía, la dirección de actores, etc. A lo mejor es la única que podría interesarle a alguien que quiera ver que cuestiones de este tipo conforman un filme aunque es algo que, tratado de manera tan simple, aparece en cualquier libro (y hasta mejor) que hable sobre análisis, comentario o estudio fílmico de manera general o introductoria. Es un tema muy extenso y abarcarlo en un capítulo, cuando se le han dedicado numerosos y muy buenos libros, resulta tedioso para quienes ya conozcan algo al respecto, que supongo será la gran mayoría de las personas que se acercarían a un texto como éste pues si te gusta el cine como para pensar en comentar películas, aunque sea de manera personal, probablemente ya conozcas buena parte de lo que se ha llamado como puesta en escena de una película, etc. Si no es así la embarradita de este capítulo resulta muy superficial y realmente no enseña de una mejor manera estas cuestiones comparado, ya no digamos con otros libros, simplemente con muchos sitios en Internet. Lo rescatable del capítulo son uno, quizás dos, ejemplos basados en películas importantes de la cinematografía mundial... películas históricas para ser más sencillos.
El siguiente capítulo habla de la puesta en serie. El cine es un arte que muestra imágenes en serie, en secuencia, y el autor, en esta parte del libro trata de explicar que unas se relacionan con otras. Aquí ni los ejemplos me parecieron interesante porque se limita a nombrar las diferentes imágenes de una secuencia y a decir cuál puede tener relación con otra de la misma película, donde se repita una imagen y donde hace eco de otra, así, tal cual una vil enumeración pero en prosa, ni siquiera con el beneficio de la brevedad y la agilidad que las listas verdaderas ofrecen. Para los ejemplos eligió mayoritariamente películas espagnolas y alguna francesa del surrealista Luis B., que dudo el grueso de los espagnoles las conozcan.
Es este uno de los principales errores del libro. La mayoría de los ejemplos se centran en películas espagnolas prácticamente desconocidas fuera del país. Por lo menos, si estaba testarudo con incluir películas de su país, hubiera escogido algunas más representativas. En ese sentido parece como si el libro estuviera dirigido a especialistas, pero en otros, por los contenidos tan escuetos (que ya comenté), parece para noveles. En buena medida si uno se avienta la pesada parte teórica quiere justamente llegar a los ejemplos y al autor se le ocurre hablar, casi casi, sobre las películas que le gustaban de niño y no pensar en los lectores.

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